Relato erótico
Nuestros fluidos
Acostados sobre la cama deshecha,
lamo la humedad de tus brazos,
de tus manos,
de tu piel.
Tu sabor agridulce me conduce
a un lugar secreto,
uno que se sacude
con el vaivén de nuestros cuerpos
y arde bajo el peso del deseo.
Tu lengua recorre mi entrepierna
y se pierde en mí.
Me desbordo sobre tu boca:
esa miel que te ha vuelto adicto
a mi sexo,
a mis curvas,
a cada rincón de mi cuerpo.
Hemos creado un territorio propio
donde solo existen nuestras respiraciones.
La tuya me quema.
La tensión atraviesa tu cuerpo
y busca liberarse sobre el mío.
Soy tan mía
que puedo darte un pedazo de mí
sin perderme.
La música nos derrite.
Nuestros fluidos se confunden
mientras el deseo crece.
Exprimamos este instante
hasta que no quede nada:
ni tu cuerpo,
ni el mío,
solo el calor
desvaneciéndose entre los dos.
Alejandra Alcayaga